“Pienso en mi hijito y el dolor no se acaba”   Leave a comment

Hoy se cumplen 5 años del Boca – Banfield cuando Palermo salio a jugar después de la muerte de su hijo e hizo dos goles. un jueves a la madrugada murió su hijo recién nacido Stefano, con sólo seis meses de gestación, luego de estar dos horas en incubadora. Destrozado, el delantero de Boca quiso jugar el domingo ante Banfield y convirtió dos goles, que dedicó a Stéfano. Las horas más dramáticas de Martín y su mujer, Lorena, y el conmovedor apoyo de la gente y sus seres queridos.

Martín con lagrimas en los ojos.
El Titán de la vida!
Abrazo del Coco, Palermo no encuentra consuelo.
Titán del gol y de la vida

Manipulado por las emociones anda el 9 de Boca. Se encontraba feliz, muy feliz, porque el sueño de ser papá otra vez estaba más cerca de cumplirse. Encima, lo profesional lo acompañaba: una buena pre temporada en Tandil, un rendimiento interesante en la gira por México y un segundo semestre repleto de objetivos deportivos en un equipo con pasta de campeón. Sin embargo, a un puñadito de días del debut en el Apertura, se le rompió la ilusión recién nacida de la nueva paternidad. Vaya golpe…

Había dos opciones para el titan: se encerraba a sufrir o salía a combatir el desconsuelo. Y fiel a su estilo, Palermo resolvió pelear. Habló con Alfio Basile, le pidió jugar con Banfield, se concentró el viernes, se entrenó el sábado y apareció en el césped de la Bombonera el domingo contra Banfield.

Apenas pisó la cancha, hubo una ovación popular que lo contuvo: “Paleeeermooo, Paleeeermooo, Paleeeermooo”. El hombre en cuestión levantó el brazo izquierdo y, agradecido, saludó. La hinchada de Boca coreaba su apellido antes que por Boca, porque vino después el ya clásico himno que resume el amor por la camiseta: “Y dale, y dale, y dale Boca dale; y dale, y dale, y dale Boca dale”.

De nuevo, “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles de Palermo que ya van a venir”. Y más, mucho más: el abrazo comprensivo de cada uno de los rivales. Y el técnico adversario, Carlos Leeb, quien caminó desde el banco visitante hasta el círculo central especialmente para saludarlo a puro afecto.

Sólo faltaba la pelota. Y ella, sensible como es, tampoco abandonó a Palermo. Claro que hizo lo suyo a su manera. Primero, no se dejó arrastrar rápido por el deseo mayoritario: un gol del 9. Prefirió adosarle a la historia una pizca de incertidumbre. Tal vez por esa razón el Titán no llegó a la red a los 4 minutos, cuando fue a buscar el centro de Neri Cardozo y clavó un cabezazo ingresando por detrás de todos que se metía en un ángulo, pero que no entró por el manotazo del arquero Lucchetti, ayudado por la complicidad del palo.

Ella, la redonda, había decidido ayudar a Palermo en el segundo tiempo. Y como correspondía fue generosa. Lo ubicó al 9 mano a mano con el arquero a los 12 de esa etapa final, cuando el partido estaba 0 a 0, luego de un tiro libre rápido de Marino, de un toque de Neri Cardozo y de una asistencia de Battaglia. Resolvió la pelota ubicarse en el botín menos hábil del Titán, en el derecho, pero su intención era la que él pretendía el gol. Y ahí fue, mansita, a los saltos, a pesar del remate mordido. Palermo corrió con los brazos en alto y se arrodilló  entre las lagrimas el Titán dijo: “Gracias Stefano, todo es para vos”. Enseguida, una montaña de compañeros lo tapó. Cuando se paró y empezó a caminar hacia la mitad de la cancha, el Titán no quería levantar la cabeza, con lagrimas en los ojos, sin consuelo Martín, no podia retener el llanto, y toda la Bombonera coreando Palerrrmo, Palerrrmoooo.

Había más. Faltaba ese zurdazo de Ibarra, el desvío en Sanguinetti y la estirada de Palermo por el piso para conectarla de zurda, al 2 a 0. Había otra corrida parecida, esta vez clavándose de rodillas en el suelo y acostándose con la cara pegada al césped. Y otra caminata hacia el medio del campo, en este caso agarrándose la cabeza como si no creyera lo que le sucedía, también llorando. Seguro que ni recordó que se trataba del gol 200 en su carrera, sin saber que se estaba escribiendo otro capitulo a la película…

Su técnico, el Coco Basile, rápido en este tipo de situaciones, lo sacó. Y resolvió reemplazarlo por su amigo, por Barros Schelotto. La Bombonera estallaba de emoción. El 9 del corazón roto agradeció una vez más. Se abrazó con Guillermo, luego con el Coco entre lagrimas, y un abrazo que quedará grabado se sentó entre Migliore y Cardozo. Palermo miró el piso y volvió a secarse más y más lágrimas.

El Titán luego se tatuaría el nombre de Stefano y cada vez que hacia un gol se besaba el brazo y lo alzaba al cielo diciendo “Gracias Stefano”

“Gracias Stefano, esto es para vos” Palermo.
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Publicado agosto 7, 2011 por cpunn97 en Uncategorized

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